26 sept 2008

Cuéntame, que yo te escucho.

¿Crees que no me doy cuenta? Te equivocas. No sé que te ocurre, pero hay algo que te preocupa. No intentes esconderlo, se te nota en la cara. Y a mí también me importa, mucho. Tiene que ver conmigo, ¿no? Sí, es eso. Tiene que ver conmigo, por eso no me lo quieres decir. Algo está pasando entre los dos. Esto es cosa de ti y de mí. Y ya lo vengo notando desde hace un tiempo. Ni me miras ni me sonríes con ese brillo especial de cuando todo era perfecto. Te incomoda que estemos solos, y cuando trato de hablarte en serio me rehúyes. Ya no me cuentas cómo te ha ido el día, ya nunca preguntas por el mío. ¿Qué es lo que te ocurre? Nada se parece a entonces, cuando podíamos estar horas riéndonos de nuestras propias bobadas. Cuando bastaba que te dijese cuatro palabras tontas al oído para que tu sonrisa se encendiese y nos iluminase la noche. ¿Por qué no pueden volver esos días en los que, apoyada en mí, dejabas que acariciase tu pelo durante horas, sin apenas hablar? ¿Por qué ahora siempre estás como ausente, como si no estuvieras, y tienes prisa por marcharte? Cuéntamelo, mi niña. Cuéntame, que yo te escucho.

20 sept 2008

¿Y qué, si nos hemos convertido en pájaros de una sola ala, cuya única forma de volar es permaneciendo abrazados? ¿Permitirás que, por cumplir un estúpido sueño, caiga yo, caigas tú?

18 sept 2008

Poema 15.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca. [...]

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

16 sept 2008

Los celos.

Los celos son como ese sabor amargo que se queda en la boca cuando, después de comer, olvidas lavarte los dientes.

15 sept 2008

Movimientos orogénicos.

Día 19 01.30 Me despierta un ruido tremebundo. Hace millones de años (o más) la Tierra se formó a base de horrorosos cataclismos: los océanos embravecidos arrasaban las cosas, sepultaban islas mientras cordilleras gigantescas se venían abajo y volcanes en erupción engendraban nuevas montañas; seísmos desplazaban continentes. Para recordar este fenómeno, el Ayuntamiento envía todas las noches unos aparatos, denominados camiones de recogida de basuras, que reproducen bajo las ventanas de los ciudadanos aquel fragor telúrico. Me levanto, hago pis, bebo un vasito de agua y me vuelvo a dormir.

Eduardo Mendoza, Sin noticias de Gurb.

14 sept 2008

Un día especial.

Hoy ha sido un día especial para ella. Nunca antes había llamado su atención y hoy, al fin, lo había conseguido. Estaba tan nerviosa... Normalmente pasaba desapercibida para él, pero hoy estaba feliz. Habían cruzado la mirada tantas veces, se había imaginado que en cualquier momento él arrancaría a hablarle en tantas ocasiones... Cada vez que se lo cruzaba, él se quedaba mirándola, como si no existiese nadie más en aquél pasillo, en aquella calle. No sabía por qué, de repente, ella se había convertido en el blanco de sus miradas, pero no le importaba. ¿Sería su nuevo jersey, o que quizá hoy el peinado le había quedado mejor de lo normal? Es igual. Ella, ahora, es feliz.

Y es que, a veces, es mejor no mirarse al espejo para descubrir en la cara una raya de bolígrafo verde.

13 sept 2008

En balde.

A los días, volví a sentir como si aquello no fuese conmigo. Como si sobrase en mi vida. Me vi sentado en ese parque, en ese mismo banco que desde hace algún tiempo frecuento a mitad de mi paseo matutino, y me pareció que no servía para nada, para nadie. Pensé que, al no ser joven, ni rico, ni un eficiente trabajador, resultaba un trasto inútil para lo que me rodeaba. En un mundo que sólo busca desarrollarse y mejorar día tras día, en un mundo que tanto sufre si la economía crece un poco más lento que el día anterior, yo, que sólo buscaba caminar despacio y disfrutar del paisaje, no tenía ninguna función. Mi existencia, a día de hoy, era en balde.

De pronto me di cuenta. Me golpeé la frente con la mano. Servía para algo. Mi función en esta vida era engrosar el número de jubilados en las estadísticas de sociedad. Y un sentimiento reconfortante me recorrió todo el cuerpo.

8 sept 2008

Es el tiempo, no la distancia.

¿Qué nos ha ocurrido?, preguntaste mientras examinabas mi rostro, con miedo, al no encontrar en mí aquel confidente con quien tanto tiempo pasaste. ¿Qué nos ha ocurrido? El tiempo tiene la respuesta. El tiempo es el culpable de que, a día de hoy, todas aquellas horas juntos te parezcan una historia ajena a mí, como si no fuese yo, como si fuera otro. Es el tiempo, no la distancia, quien ha conseguido que seamos dos extraños, dos desconocidos después de haberse conocido como nadie. Aguanté una lágrima que jugaba con mi garganta, haciendo un nudo casi tan doloroso como verte y descubrir que el tiempo te ha cambiado, me ha cambiado a mí contigo y nos ha separado. Tú aguantabas también el llanto, un llanto que se tradujo en una voz lejana y quebrada al formular tu pregunta.

Prométemelo, dijiste al romper a llorar, prométeme que nunca nos volverá a pasar, que a partir de ahora volveremos a ser aquellos niños. Yo, incapaz de responder, te abracé por toda respuesta.

7 sept 2008

Mala cara.

–Tiene usted mala cara.
–Indigestión –repliqué.
–¿De qué?
–De realidad.
–Póngase a la cola –atajó.

Carlos Ruiz-Zafón, El juego del ángel.

6 sept 2008

La voz de la experiencia.

“Jaime,” me dirigí a mi nieto, “en esta vida hay dos tipos de personas: los que creen que pueden sacar provecho de tu amistad y los que, aunque no tengan esa intención, siempre se llevan una parte de tu vida. Así, sobre el papel, los peligrosos parecen los primeros. Interesados por ti, te hacen creer en una amistad inexistente buscando únicamente en el beneficio propio. Tranquilo, estos no hacen daño. Llegan, se aprovechan, y tal como llegaron, se van cuando ven que no te pueden sacar más partido. Los verdaderamente peligrosos son los segundos, Jaime. Con esos sí que llegas a experimentar lo que es la amistad, lo que es el desinterés y la ayuda. Pero, oh, maldito tiempo. El tiempo se acaba llevando todo, Jaime, hasta los amigos. Y entonces sí que se sufre. Te das cuenta de verdad de que ellos se llevaron consigo bastante más de lo que cualquier parásito interesado pudo sacarte.”

El pequeño, sin entender una palabra, saltó de mis piernas y fue a jugar. Él intentaba disimularlo, pero yo noté que aquello le había sonado a chino. Lo que él entonces no sabía es que con los años terminaría por entender lo que quise explicarle esa tarde de domingo.