18 ene 2009
Una sonrisa de las sinceras.
Siempre estoy hablando de que a mis años este ritmo de vida bla bla bla. ¡Qué queréis! Soy un viejo verde que sólo sirve para reflexionar. Esa vocecita que a todos nos nace pasados los sesenta. Y no es hasta ese momento cuando te das cuenta de mil cosas que anteriormente o no estaban ahí o no habías reparado en ellas. Hoy me ha tocado valorar el mínimo y a la vez inmenso valor de una sonrisa. Todo ha sucedido así.
Yo caminaba, como de costumbre, viendo pasar trajes, corbatas y maletines. Señoras y carritos. Deprisa. De pronto, se ha interpuesto en mi camino una joven, con un niño de la mano. Su hijo, según he interpretado. La mirada cansada de la madre me ha recordado cuán exhausta es la labor de cuidar de un niño. He sentido algo por ella, he valorado su esfuerzo, su entereza. Le he regalado una sonrisa, acompañada de un cortés ‘buenos días’. La madre, con una mezcla de miedo y sospecha, se ha alejado a buen paso, su hijo de la mano.
No sé qué habrá pensado. Quién es, cómo desvaría, el pobrecito, si es que a esas edades, qué malo es vivir tanto, habrá enterrado ya a todos sus amigos, necesitará comprensión, etcétera. Lo último que pensará, de eso estoy seguro, es que mi intención es que ella se sintiera comprendida, y no a la inversa. Pero supongo que está demasiado ocupada para pensar en ella misma. Yo, por mi parte, me siento satisfecho. Una sonrisa, de las sinceras, nunca está de más.
Yo caminaba, como de costumbre, viendo pasar trajes, corbatas y maletines. Señoras y carritos. Deprisa. De pronto, se ha interpuesto en mi camino una joven, con un niño de la mano. Su hijo, según he interpretado. La mirada cansada de la madre me ha recordado cuán exhausta es la labor de cuidar de un niño. He sentido algo por ella, he valorado su esfuerzo, su entereza. Le he regalado una sonrisa, acompañada de un cortés ‘buenos días’. La madre, con una mezcla de miedo y sospecha, se ha alejado a buen paso, su hijo de la mano.
No sé qué habrá pensado. Quién es, cómo desvaría, el pobrecito, si es que a esas edades, qué malo es vivir tanto, habrá enterrado ya a todos sus amigos, necesitará comprensión, etcétera. Lo último que pensará, de eso estoy seguro, es que mi intención es que ella se sintiera comprendida, y no a la inversa. Pero supongo que está demasiado ocupada para pensar en ella misma. Yo, por mi parte, me siento satisfecho. Una sonrisa, de las sinceras, nunca está de más.
16 ene 2009
No sabemos nada.
LETICIA- (Suspirando.) La felicidad... (Hace un ademán de desaliento.) ¿Sabemos siquiera lo que es la felicidad?
SIGERICO- Tienes razón. No sabemos nada. Ni siquiera sabemos por qué después de tomar alcachofas el agua que se bebe está dulce.
SIGERICO- Tienes razón. No sabemos nada. Ni siquiera sabemos por qué después de tomar alcachofas el agua que se bebe está dulce.
Enrique Jardiel Poncela, Un marido de ida y vuelta.
3 ene 2009
Enajenaciones vaporosas.
Desearía tanto que no hubiese sonado el despertador... Y sin embargo ahí está, enfrentándose al inevitable comienzo de su rutina diaria. Por un momento, sentado en el borde de la bañera, cubierto con una toalla, esperando a secarse, se enajena por culpa del vapor que va a parar al espejo. Es odioso tener que esperar a que se condense de nuevo para poder seguir con el ritual, y en cambio al abrir la puerta para acelerar el proceso entra tanto frío...
Se imagina vapor de agua. Sí, no es su máxima aspiración, pero por unos minutos... Por unos minutos se imagina volátil, se imagina inabarcable. Desea levitar. ¡Evadirse! Lo rápido que se cuela por una rendija, lo mucho que se eleva para luego dejarse caer, todo ello le fascina enormemente. En ocasiones le gustaría poder escapar con esa facilidad de todo lo que le rodea. Mezclarse con el aire, escapar por cualquier agujero, huir por cualquier ventana.
No obstante, como en todo, luego imagina los contras. Hasta el elefante más gigante se rinde ante la presencia de un minúsculo ratón. El vapor tampoco escapa a las corrientes de aire frío. Teme tanto a su condensación y en cambio... En cambio no puede evitarla. Aunque fuese vapor de agua, tendría sus limitaciones.
Porque nuestra libertad termina donde empiezan nuestras debilidades.
Se imagina vapor de agua. Sí, no es su máxima aspiración, pero por unos minutos... Por unos minutos se imagina volátil, se imagina inabarcable. Desea levitar. ¡Evadirse! Lo rápido que se cuela por una rendija, lo mucho que se eleva para luego dejarse caer, todo ello le fascina enormemente. En ocasiones le gustaría poder escapar con esa facilidad de todo lo que le rodea. Mezclarse con el aire, escapar por cualquier agujero, huir por cualquier ventana.
No obstante, como en todo, luego imagina los contras. Hasta el elefante más gigante se rinde ante la presencia de un minúsculo ratón. El vapor tampoco escapa a las corrientes de aire frío. Teme tanto a su condensación y en cambio... En cambio no puede evitarla. Aunque fuese vapor de agua, tendría sus limitaciones.
Porque nuestra libertad termina donde empiezan nuestras debilidades.
26 dic 2008
Ni a palos.
Es que ni a palos aprendo. Cada vez estoy más conforme con aquellos que dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces (o más) con la misma piedra. El más idiota, vaya. Aunque cada vez tengo más dudas sobre nuestra igual condición. En otras palabras: que probablemente sea la oveja negra.
Después de tantas tortas, después de mil y un desengaños, fracasos y decepciones, todavía tengo la maldita manía de embobarme, de ilusionarme con promesas, con ideas, con sensaciones. Con la razón me he dicho mil veces que no, que deje de pensar en esas cosas, que no fantasee. Que ya soy mayorcito. Y toda reflexión racional se va a la mierda en cuestión de segundos. Parece mentira que, aun hablado y aclarado, el asunto todavía me ronde la cabeza, y de vez en cuando piense en que quizá, algún día... No doy más datos por aquello de la intimidad, que yo, aun a la contra de muchos, sigo recelando como una de las únicas cosas que quedan propias. Sólo diré que todo esto no es una simple chiquillada. Bueno, quizá sí, pero no se trata de un amorío, que es lo que induce a pensar. Eso sí, que cada uno lo enfoque de manera que lo pueda entender.
¿Cuántas veces habré tenido pretensiones de ocupar una parte más o menos importante en la vida de ciertas personas? Pero, ¿quién me he creído? De verdad, si alguien entiende algo de psicología humana (o adolescente, supongo) que ofrezca los consejos que buenamente pueda. Y, sobre todo, hacedme ver que no soy el único. Por favor.
13 dic 2008
Agua.
Se pudo escuchar un “¡plof!” y se sumergió por completo en la piscina. Con el traje de baño como único compañero, decidió bucear. Llenó sus pulmones de aire, cerró por completo los ojos, muy fuertemente, y dio un par de brazadas en dirección al fondo. Siente uno tanta paz ahí abajo... Extendió los brazos y las piernas, dejó que el pelo bailara a su antojo y esperó. Quién sabe a qué o a quién, pero esperaba. Lo decía su cara, estaba feliz. El silencio ahí dentro era sólido, como si una gran masa impenetrable lo aislase de la realidad. La presión del agua sobre su cuerpo, el frescor del líquido en contacto con cada rincón de su piel. Es reconfortante sentir esa serenidad. Uno olvida todo, hasta la peor de las ofuscaciones...
Nunca debemos olvidar que, a pesar de la perfección de lo ideal y de lo fantástico, debemos, cada cierto tiempo, volver a la realidad para coger un poco de aire. De lo contrario, corremos el riesgo de que nuestra fantasía nos ahogue.
Nunca debemos olvidar que, a pesar de la perfección de lo ideal y de lo fantástico, debemos, cada cierto tiempo, volver a la realidad para coger un poco de aire. De lo contrario, corremos el riesgo de que nuestra fantasía nos ahogue.
12 dic 2008
Jugar limpio.
A fin de cuentas, lo de jugar limpio cuando iba a escote el pellejo, eso era algo que tal vez contribuyera a la salvación del alma en la vida eterna; pero en lo tocante a la de acá, la terrena, suponía, sin duda, el camino más corto para abandonarla con cara de idiota y un palmo de acero en el hígado. Y Diego Alatriste no tenía ninguna maldita prisa.
Arturo y Carlota Pérez Reverte, El capitán Alatriste.
7 dic 2008
¿Enamorado, yo?
Otro día me preguntaron si estaba enamorado. ¡A mi edad, enamorado! Me quedé en silencio. En verdad nunca me lo había planteado. ¿Enamorado, yo? ¡No! Imposible. ¿Cómo iba a estarlo? El tiempo hace que todo se pase. Qué lejos queda ahora esa época de pasiones, de confusión, de desenfreno. Y sin embargo… Y sin embargo cómo la añoro. No, definitivamente ya pasó. Pero quien tuvo, retuvo. Ya casi ni me acuerdo, pero es cierto que fue maravilloso. Las sensaciones, cambiantes a cada momento, impulsan a hacer cada locura… Tremendamente peligroso. Y, aun y todo, no hay nada más bonito. ¿Y si, en el fondo, estuviese enamorado?
Sí, es probable que lo esté. Estoy enamorado del amor.
Sí, es probable que lo esté. Estoy enamorado del amor.
5 dic 2008
Mátame o dame la vida.
TEODORO:
[...] Mátame o dame la vida;
da un medio a tantos extremos.
[...] Mátame o dame la vida;
da un medio a tantos extremos.
Lope de Vega, El perro del hortelano.
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