26 oct. 2008

Es fácil hacerse millonario (si sabes cómo).

Me he propuesto ser rico. Sí, lo sé. No es una decisión que se suela tomar así, de un día para otro. Es raro. Pero es mi decisión, meditada, y tal y cual. Y he decidido, por el mismo precio que lo voy a hacer por el método más sencillo que conozco: escribir un best-seller.

Hacerse millonario a base de un best-seller se ha puesto de moda. Sin embargo, escribir un texto carente de sentido con críticas extraordinarias no está al alcance de cualquiera. Afortunadamente, un servidor ha dado con una fórmula quasi-infalible con la que sorprender al mundo literario actual, y piensa compartirla con cualquiera. Insisto: es fácil. Probadlo, en serio. Lo importante es encontrar un par de personajes, con nombres que suenen extranjeros. El sexo no importa. Esos dos nombres serán los protagonistas a los que debemos encontrar, ahora, un oficio inusual. La historia de un pediatra, sintiéndolo mucho, no vende. Siempre queda el recurso de añadirle ocupaciones extravagantes. Pero eso compete a best-sellers de nivel 2. Volvamos a lo nuestro.

Es importante documentarse, aunque sea durante cinco minutos. Suele ser útil encontrar un misterio, un secreto, una cruzada que provenga de la Antigüedad o de la Edad Media y que siga vigente en nuestro siglo. No importa cuál ni que su relevancia sea importante. Una vez encontrado, debemos relacionarlo con algún célebre histórico y con alguna obra de arte archiconocida, con posibilidad de entrañar misterios. Y ése es otro asunto: el léxico. Palabras como ‘misterio oculto’, ‘enigma’, ‘secreto’ o ‘código’ han de aparecer asiduamente en el relato si de verdad queréis ganar millonadas. Debe aparecer un asesinato, claro está. De no haber nadie muerto, el descubrimiento de claves secretas carece de importancia. Por último, es importante situarla espacialmente en lugares reales, cercanos al lector por su relevancia cultural.

Una vez escrito, para lo que emplearemos un par de tardes, sólo queda seleccionar el título. No es necesario que tenga relación directa con la historia. Que el lector encuentre el sentido, que si se le da todo hecho no reflexiona. Sí debe cumplir, en cambio, una serie de reglas que todo buen título de best-seller ha de seguir. El uso de palabras religiosas es estrictamente necesario. Una frase nominal con un adjetivo corriente es suficiente. También suman puntos las palabras ‘clandestino’, ‘oculto’ y sus derivadas. Aquí propongo un ejemplo clarificador, la síntesis de lo que va a ser mi propio best-seller. A propósito, cuanto más inverosímil, más millones.

El templo celtíbero.
¿Qué suculento misterio se oculta tras las rollizas carnes de la Maja desnuda de Goya? Durante doce siglos, la tribu de los Mamelucos ha conseguido mantener oculta la verdad… hasta ahora. Antes de morir asesinado, el australiano Adam Pickford, el último Gran Maestre de una sociedad secreta de de conspiración contra Alejandro Magno en nuestros días, transmite mediante en el envoltorio de una Big Mac que cenó esa fatídica noche una misteriosa clave a su repartidor de periódicos, Albert Chloeman. Pickford y sus predecesores, entre ellos miembros destacados de la tribu de los Mamelucos como Tarzán o el Marqués de Santillana, han conservado durante siglos un conocimiento que puede cambiar la historia de la humanidad. Ahora, Albert Chloeman con la ayuda del vienés Hans Schumann, un empedernido lector del teletexto que resuelve crucigramas en esperanto, comienza la búsqueda de ese misterio. Tras una trepidante carrera por los lugares más recónditos del planeta descifrando mensajes ocultos en canciones de Karina, el afamado repartidor de periódicos se enfrenta con la clave goyesca en un inesperado final en las cloacas de Soria.

13 oct. 2008

Exteriorizando lo interior.

A veces pienso acerca de lo que se gana exteriorizando sentimientos. Sí, ya sabéis. Esto de que cuando estoy contento pongo cara de contento, y así con todo. Una habilidad difícil para algunos, la de coordinar un sentimiento con su expresión. En muchas ocasiones dudo de la capacidad de hacerlo que tienen ciertas personas. Ya sea por una cosa o su contraria, existen personas que jamás en su vida cambiarán esa cara vacía en cuanto a significado pero con una calculada fachada de cara a los demás. Y se dan dos situaciones, como en todo. Una y su opuesta. Se da el caso en que la persona, independientemente de lo que pasa por su mente, decide mostrar siempre su lado más candoroso y receptivo, sonriente como el que más, a quien todo en la vida le parece perfecto y maravilloso. Este semblante, que llega a convertirse en algo tan violento e increíble que provoca cierto temor, coincide –¡oh, casualidad!– por norma general con una personalidad hipócrita cuyo interés, en el mejor de los casos, es agradar a los demás en absolutamente todo. Por otro lado, en cambio, encontramos a esa gente cuya expresión transmite ese permanente asco hacia ellos mismos, ese inconformismo, ese afán por mostrar continuamente lo desgraciados que son y lo injusta que está siendo la sociedad con ellos. Todo, como he dicho antes, rigurosamente calculado, nadando en el más puro victimismo que, al contrario de lo que ellos puedan pensar, sólo acarreará lamentablemente que acaben creyéndose su propio cuento, que terminen por sufrir aquella fingida insatisfacción.

Porque todo, en esta vida, ha de tener sus límites, y está bien jugar un papel –aunque pequeño, todo el mundo tiene uno en este teatro– siempre y cuando el actor, normalmente pésimo en caracterización –está plagado–, no acabe metiéndose demasiado en él.

3 oct. 2008

Estos seres humanos...

Día 13 17.23 Me traslado a la ciudad en un transporte público denominado Ferrocarril de la Generalitat. A diferencia de otros seres vivos (por ejemplo, el escarabajo de la col), que siempre se desplazan del mismo modo, los seres humanos utilizan gran variedad de medios de locomoción, todos los cuales rivalizan entre sí en lentitud, incomodidad y peste, aunque en este último apartado suelen resultar vencedores los pies y algunos taxis. El mal llamado metro es el medio que más utilizan los fumadores; el autobús, aquellas personas, por lo general de avanzada edad, que gustan de dar volteretas. Para distancias más largas existen los llamados aviones [...]. En los viajes prolongados, los pasajeros del avión se entretienen mostrándose los calcetines.

Eduardo Mendoza, Sin noticias de Gurb.