28 feb. 2009

Marcha atrás.

Por circunstancias que no vienen al caso –aunque son realmente interesantes, en mi opinión–, llegaron a mis oídos ayer por la tarde pequeñas pinceladas de un brillante reportaje acerca del amor y del posible componente químico que en él reside. Naturalmente, lo primero que hice nada más llegar a casa fue bucear en hemerotecas hasta encontrar el reportaje en cuestión al completo. Al margen del tema de la química y las hormonas –asunto que a mí, personalmente, no me llama especial atención–, pude encontrar el pasaje que rondaba mi cabeza. Hacía referencia a la postura que un buen número de doctos en etología mantiene acerca del amor humano como una derivación del primitivo cortejo mamífero. Se hacía alusión al “notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y belicosidad hacia los posibles rivales” en la lidia –por continuar con la agresiva alegoría– amorosa de los mamíferos.

Si bien es cierto que las palabras escogidas por el autor parecen restringirse al ámbito irracional, es innegable la aplicación de esta serie de actuaciones al comportamiento humano. Yo, personalmente, ni siquiera hablaría de ‘derivación’, sino de un puro calco a la manera de actuar en el resto de los mamíferos, ¿no os parece? El notable despliegue de energía tiene un buen indicador en la sudoración excesiva que el tonto o tonta de turno –o turna– experimenta teniendo a su ‘presa’ en derredor. La persecución obsesiva se hace patente un sábado cualquiera por la noche, siendo la frase preferida para disimularla “¡Oh! ¿Cómo tú por aquí? ¡Qué encuentro tan fortuito! No sabía que salías...”. Y en cuanto a la protección posesiva y la belicosidad para con rivales... En fin, ¿existe mejor ejemplo que “¡A que te hostio como toques a la titi, cabronazo!”?

Cada día, la raza humana muestra mayores signos de evolución... marcha atrás. Incluso en eso no dejará de sorprendernos.

21 feb. 2009

Poema 20.

[…] Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. […]

Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

14 feb. 2009

Recuerdos.

Con los años, vamos llenando nuestra cabeza. De cosas útiles, y de otras no tanto. De conocimiento, de cultura, de sensatez,... ¿Y si sólo fuese de eso? Las vivencias aportan historias interesantísimas, al menos para el yo. Olores que recuerdan a épocas, a personas. Una melodía que traslada, una frase que enamora. Aquel sitio, grabado como una fotografía. Podría recorrerlo cien veces sin perderme. Y esa fecha, y esa casualidad... Decoramos el espacio más íntimo a nuestro gusto. Para algo somos sus dueños. Procuramos olvidar lo que no encaja, lo que molesta, aunque a veces no lo consigamos. Tendemos a idealizar el pasado, o al contrario. El más mínimo detalle, la palabra más insignificante, puede rondar horas por nuestras cabezas. Somos capaces de retener recuerdos que jamás aparecerían en un libro. Que, de aparecer, llenarían estanterías enteras de realidades subjetivas. Que, de no existir la memoria, se perderían con el tiempo, perdiéndose con ellos la magia y la química de un momento que no volverá a ser vivido como tú lo hiciste.

8 feb. 2009

Nevó.

Y tras el esplendor y la belleza de la nieve, llega su decadencia.

Solución antidepresiva: No mirar por la ventana.

6 feb. 2009

Una vida perfecta.

Él tenía todo pensado. Lo tenía todo planificado. Sería una vida perfecta. Ideal. Sabía lo que iba a hacer durante los próximos diez años, por lo menos. Lo sabía. Creía estar seguro de con qué ocuparía su vida. Se dedicaría a lo que él quería. Trabajaría en ello, trabajaría por conseguirlo. Tenía unos planes de futuro formidables, envidiables. Un trabajo, una casa, una familia modelo,... Confiaba en llevarlos a cabo, aunque no se ponía un tiempo límite. Todo surgiría, sobre la marcha, tal y como él deseaba. Nada ni nadie podría derribar lo que él, con su imaginación, había tardado tanto en construir. Esa vida que realmente le gustaría vivir. Esa obra de la que tomaría parte. Estaba todo decidido, sólo dependía de él... ¿Sólo? Resulta asombroso ver cómo una simple decisión ajena pudo acabar con su edificio ideal, en cuestión de segundos.

Y es que, a menudo, el idealismo sirve como fuga de lo que no nos gusta, de lo que no soportamos. No obstante, necesitaríamos algo real donde apoyarnos, que nunca se sabe.

A las cosas çiertas vos comendat
et las fuizas vanas dexat.

1 feb. 2009

Ça suffit.

Constipado continuo. Mala cara. Labios resecos, agrietados. Dolores de cabeza por la mañana. Cansancio extremo a final de semana. Dolor de espalda. Palidez. Nariz cargada. Aspecto enfermizo. Sueños poco reparadores. Y aún me diagnostican que quizá se deba a que vivo bajo una presión continua, que soy demasiado autoexigente. ¿No será que intento estar en todo, conformando a todos, y que, al final, tengo un límite? ¿No será que no doy más de mí? ¿No será que no puedo vivir mi vida? ¿No será que soy como un objeto? ¿No será que me cortan la poca libertad que puedo tener? ¿No será que no soy yo mismo, que me doy igual? ¿No será, en fin, que es cierto eso de que no me quiero lo suficiente?

Nunca podré agradecértelo lo necesario.