26 ene. 2009

Dime.

Dime por favor dónde estás,
en qué rincón puedo no verte,
dónde puedo dormir sin recordarte
y dónde recordar sin que me duela.

[…] Que no puedo vivir porque te extraño
y no puedo morir porque te quiero.

Atribuido a Jorge Luis Borges.

24 ene. 2009

Se revolvió entre sus sábanas y abrió los ojos. A lo lejos, ruido de olas.

23 ene. 2009

Odiada y marginada cedilla:

¿Qué eres? ¿Para qué sirves? Dinos, por favor, ¿cuál es tu función, sino la de molestar, incordiar o estorbar? No es que hayas hecho nada malo. No te odiamos por tu pasado, sin duda oscuro. Si hay algo que nos irrita es tu falta de utilidad, ¡oh cedilla! Sólo tú puedes aclararnos. Está en tus manos el contarnos tu labor en este teclado sobre el que escribo. Así y solamente así podremos tenerte en consideración. Tu posición, a todas luces inoportuna, nos confunde y nos turba. Tu cercanía a cierta tecla de gran uso es, muchas veces, causante de las más irremediables desgracias. Dinos quién te escribió por vez primera; cuéntanos cuál es tu parentesco con la letra ‘c’; acláranos qué uso puede dársete en la lengua castellana. Haz que tanto tu grafía minúscula como mayúscula dejen de ser las olvidadas del teclado. Recuerda que parte de tu destino fatídico lo tiene aquel que decidiese en su día colocarte al margen del resto de tus compañeros. ¡Oponte a dicho sino y recupera tu prestigio! O, por el contrario, júrame solamente que desaparecerás de mi vida y no me causarás más trastornos.

Reciba un cordial saludo de

Un admirador.ç

19 ene. 2009

18 ene. 2009

Una sonrisa de las sinceras.

Siempre estoy hablando de que a mis años este ritmo de vida bla bla bla. ¡Qué queréis! Soy un viejo verde que sólo sirve para reflexionar. Esa vocecita que a todos nos nace pasados los sesenta. Y no es hasta ese momento cuando te das cuenta de mil cosas que anteriormente o no estaban ahí o no habías reparado en ellas. Hoy me ha tocado valorar el mínimo y a la vez inmenso valor de una sonrisa. Todo ha sucedido así.

Yo caminaba, como de costumbre, viendo pasar trajes, corbatas y maletines. Señoras y carritos. Deprisa. De pronto, se ha interpuesto en mi camino una joven, con un niño de la mano. Su hijo, según he interpretado. La mirada cansada de la madre me ha recordado cuán exhausta es la labor de cuidar de un niño. He sentido algo por ella, he valorado su esfuerzo, su entereza. Le he regalado una sonrisa, acompañada de un cortés ‘buenos días’. La madre, con una mezcla de miedo y sospecha, se ha alejado a buen paso, su hijo de la mano.

No sé qué habrá pensado. Quién es, cómo desvaría, el pobrecito, si es que a esas edades, qué malo es vivir tanto, habrá enterrado ya a todos sus amigos, necesitará comprensión, etcétera. Lo último que pensará, de eso estoy seguro, es que mi intención es que ella se sintiera comprendida, y no a la inversa. Pero supongo que está demasiado ocupada para pensar en ella misma. Yo, por mi parte, me siento satisfecho. Una sonrisa, de las sinceras, nunca está de más.

16 ene. 2009

No sabemos nada.

LETICIA- (Suspirando.) La felicidad... (Hace un ademán de desaliento.) ¿Sabemos siquiera lo que es la felicidad?
SIGERICO- Tienes razón. No sabemos nada. Ni siquiera sabemos por qué después de tomar alcachofas el agua que se bebe está dulce.

Enrique Jardiel Poncela, Un marido de ida y vuelta.

3 ene. 2009

Enajenaciones vaporosas.

Desearía tanto que no hubiese sonado el despertador... Y sin embargo ahí está, enfrentándose al inevitable comienzo de su rutina diaria. Por un momento, sentado en el borde de la bañera, cubierto con una toalla, esperando a secarse, se enajena por culpa del vapor que va a parar al espejo. Es odioso tener que esperar a que se condense de nuevo para poder seguir con el ritual, y en cambio al abrir la puerta para acelerar el proceso entra tanto frío...

Se imagina vapor de agua. Sí, no es su máxima aspiración, pero por unos minutos... Por unos minutos se imagina volátil, se imagina inabarcable. Desea levitar. ¡Evadirse! Lo rápido que se cuela por una rendija, lo mucho que se eleva para luego dejarse caer, todo ello le fascina enormemente. En ocasiones le gustaría poder escapar con esa facilidad de todo lo que le rodea. Mezclarse con el aire, escapar por cualquier agujero, huir por cualquier ventana.

No obstante, como en todo, luego imagina los contras. Hasta el elefante más gigante se rinde ante la presencia de un minúsculo ratón. El vapor tampoco escapa a las corrientes de aire frío. Teme tanto a su condensación y en cambio... En cambio no puede evitarla. Aunque fuese vapor de agua, tendría sus limitaciones.

Porque nuestra libertad termina donde empiezan nuestras debilidades.