24 jun. 2010

Un idealista

A Martín Marco le preocupa el problema social. No tiene ideas muy claras sobre nada, pero le preocupa el problema social.

–Eso de que haya pobres y ricos –dice a veces– está mal; es mejor que seamos todos iguales, ni muy pobres ni muy ricos, todos un término medio. A la humanidad hay que reformarla. Debería nombrarse una comisión de sabios que se encargase de modificar la humanidad. Al principio se ocuparían de pequeñas cosas, enseñar el sistema métrico decimal a la gente, por ejemplo, y después, cuando se fuesen calentando, empezarían con las cosas más importantes y podrían hasta ordenar que se tirasen abajo las ciudades para hacerlas otra vez, todas iguales, con las calles bien rectas y calefacción en todas las casas. Resultaría un poco caro, pero en los bancos tiene que haber cuartos de sobra.

Camilo José Cela, La colmena.

7 jun. 2010

Algo estúpido, como la nostalgia

Puedes viajar y adorar ciudades. Puedes visitar lugares fantásticos cuyos monumentos y gentes te cautivan y embelesan por completo. Puedes rendirte ante los encantos de cualquier ciudad, lamentándote de que la tuya no los tenga y deseando encontrar el momento de dejarlo todo para empezar allí una nueva vida que imaginas perfecta. Pero cuando tus anhelos se ven de pronto realizados y de golpe y porrazo te hayas viviendo en aquel lugar soñado, te expones a que, como en mi caso, te ahogue la decepción y una extraña sensación de desamparo.

Es entonces cuando, súbitamente, te sorprendes contando los días que quedan para coger el tren de vuelta a casa y cuando las horas parecen tan interminables que descubres una facilidad admirable para dormir y conseguir que el tiempo vuele.

La añoranza del calor de tu familia, la extrañeza de las calles que pisas, la falta de protección que te proporcionarían las caras conocidas y un hasta entonces nunca conocido amor a la patria (chauvinisme, que dicen aquí los amigos franceses) te hacen ver con claridad que lo que llamas "hogar", allá donde verdaderamente encuentras tu lugar en el mundo, no está donde llevas tu vida, por mucho que siempre hayas deseado que sea una adorable capital europea. Tu hogar está donde encuentres a esas personas que hacen de tu vida lo que es en realidad. Está donde puedas recorrer las calles que han sentido miles de veces las huellas de tus zapatos. Está donde dejaste a la gente que tanto quieres y que nunca debiste dejar.

Nunca pensé que diría esto, pero, en fin. Pamplona, te echo de menos.