25 nov. 2010

Llamadme tradicional

¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! Tus ojos son palomas, y perdóname que insista, Mario, que a lo mejor me pongo inclusive pesada, pero no es una bagatela eso, que para mí, la declaración de amor, fundamental, imprescindible, fíjate, por más que tú vengas con que son tonterías. Pues no lo son, no son tonterías, ya ves tú, que, te pones a ver, y el noviazgo es el paso más importante en la vida de un hombre y de una mujer, que no es hablar por hablar, y, lógicamente, ese paso debe de ser solemne, e, inclusive, si me apuras, ajustado a unas palabras rituales, acuérdate de lo que decía la pobre mamá, que en paz descanse. Por eso, por mucho que él la defienda, y por voces que dé, no me seduce la fórmula de Armando de salir cuatro tardes juntos y retenerle un buen rato la mano para considerarse comprometidos. Eso será un compromiso tácito si quieres, pero si me preguntaran a mí, no me mordería la lengua, te lo aseguro, que yo me mantendría en mis trece, Esther y Armando se han casado prácticamente sin ser novios antes, de golpe y porrazo, tal como suena, cosa que, bien mirado, ni moral me parece. Es lo mismo que si un hombre pretendiera ser marido de una mujer por ponerle la mano encima, equilicual, que el matrimonio será un Sacramento y todo lo que tú quieras, pero el noviazgo, cariño, es la puerta de ese Sacramento, que no es una nadería, y hay también que formalizarlo, que ya sé que fórmulas hay muchísimas, montones, qué me vas a decir a mí, desde el "te quiero" al "me gustaría que fueses la madre de mis hijos" con todo lo cursi que sea, figúrate, de sorche y de criada, pero, a pesar de todo es una fórmula, y, como tal, me vale.

Miguel Delibes, Cinco horas con Mario.

21 nov. 2010

Instrucciones para encontrar un tema para las instrucciones

La idoneidad de estas instrucciones se constata con sólo echar un vistazo al título de las mismas: existe una grave carencia de imaginación en la elección del tema. Es opinión generalizada, y este sector de la doctrina comparte, que se hace necesaria una regulación específica del proceso imaginativo cuyo resultado vincula a las partes obligadas a la redacción de instrucciones. Precisamente por el carácter vinculante de esta decisión, es importante no incurrir en ideas insustanciales, que no den lugar a ingeniosas creaciones, ni en ideas sumamente imprecisas, que puedan llevar a error (cfr. caso Instrucciones para dominar el mundo vs. Instrucciones para cambiar el mundo).

Así las cosas, y basándonos en precedentes por todos conocidos, los modos para dar con un tema adecuado pasan por proponer temas de alcance cotidiano (v.gr. caso Espaguetis o caso Reunión familiar) o temas que afecten directamente a uno o a varios de los redactores o partes implicadas (v.gr. caso Ascensores o caso Llaves). Reiterada jurisprudencia del Tribunal Instructor ha apelado, asimismo, a la integridad moral del propuesto como límite a la libertad de proposición del proponente, siempre que los derechos de uno y otro puedan ejercitarse en plena libertad y sin que existan interferencias de terceros de mala fe.

Además, un amplio catálogo de normas de carácter consuetudinario regula actualmente el procedimiento en cuestión. De un lado, han rechazado la ingesta de sustancias tales como bebidas alcohólicas, drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, así como de otras sustancias que produzcan efectos análogos (setas alucinógenas), como medio para alcanzar unas cotas de inspiración que de otro modo no hubieren sido obtenidas. Por otra parte, prohíben la cesión de la capacidad de decidir el tema, así como cualquier tipo de subrogación en la posición del proponente, por los problemas que acarrea la aparición de un tercero en la relación bilateral. Desde aquí se apela a una positivización de estas normas consuetudinarias.

Por todo ello, y de un modo panorámico, la situación actual dista mucho de ser cuna de respeto y de solución pacífica de controversias. Dejo, por tanto, en manos de la Comisión de Derecho Instructor la creación de un texto articulado que regule los diversos modos para encontrar un tema para las instrucciones y que recoja principios generales tales como el ‘in dubio pro propuesto’, el ‘pacta sunt servanda’ en lo referente a los plazos o el ‘quod nullum est nullum effectum producit’, entendido éste como “a ideas necias, teclados mudos”. No se nos escape que las instrucciones son lo que son, y no lo que las partes quieren que sean.


Una versión bastante menos jurídica y con ciertas dosis de autosuficiencia (merecidas, en honor a la verdad) pude leerse en http://practicamenteimperfectaentodo.wordpress.com/2010/11/21/instrucciones-para-encontrar-un-tema-para-las-instrucciones/

19 nov. 2010

La vida tiene prisa

Da la impresión de que estoy estancado. De que el tiempo pasa y de que sigo igual. Igual que hace ¿tres? ¿cuatro años? La vida sigue, ¿pero yo? ¿Qué hago? Sigo con las mismas inquietudes, las mismas preocupaciones, las mismas motivaciones e idénticos sueños. Nunca hay novedades. Jamás, nada interesante, nada que contar. Indiferente, aburrido, mediocre. Insustancial.

Todo a mi alrededor cambia. Se agita, evoluciona, se desarrolla. Tentáculos que se alargan, aspiran a más, tocan el cielo. Se enredan, se equivocan, prosperan. Y yo en el centro. Sin importunar, porque nadie merece ser molestado. Sin imponerme, porque todo está bien así. Y si está bien así, ¿para qué cambiarlo?

La edad... Decir que me preocupa sería absurdo, pero aun en plena juventud ya puedo arrepentirme de haber perdido la oportunidad de hacer todas esas cosas que podría haber hecho. Hay tiempo, de acuerdo, pero todo el mundo... Está bien, no cabe comparación, pero lo que no puedo hacer es encerrarme en una burbuja. Sería absurdo. Vivo entre los tentáculos. Vivo entre la vida. Y la vida exige, la vida espera algo. Y está el futuro, y están todos los hilos de los que tengo que tirar. Y se espera que tire de todos, y aún no he tirado de ninguno. Y no me da la gana de tirar, y ya se acabará el tiempo, y si se acaba se acabó, y ya veremos qué pasa. Cada cosa a su tiempo, a ver. Que la vida tiene prisa. Pero yo no tengo ninguna intención de seguir su ritmo.

5 nov. 2010

Puta conciencia impuntual

Se multiplican peligrosamente los momentos en que acto seguido de abrir la boca me arrepiento de lo que ha salido de ella, por el qué, cómo y a quién lo dirijo. Siempre me acuerdo de morderme la maldita lengua una vez que el mal está hecho, siempre después, y después ya es tarde. Lo peor de todo, en cambio, es que quien carga con todo ello no debería por qué hacerlo. Mis cambios de humor repentinos, tan característicos de mí y a la vez tan odiosos, los sufre él por el mero hecho de que es quien más tiempo pierde conmigo. Y así se lo pago.

Hago ver que todo es culpa de los demás, en especial de él, cuando en realidad el problema lo tengo yo conmigo mismo. Dejo en él, supongo, un sabor agrio y una sensación de enfado, que no se corresponde con la realidad. Cuando adquiero conciencia de mis propios defectos y de nuestro tan diverso modo de ser, no lo tolero, escurro el bulto y siempre acaba explotando en él, en sus escasos puntos negativos, que yo, como buen amigo que soy, tengo a bien hacérselos notar. Por desviar la atención, por esconder los míos. Pero no sólo siguen ahí, noche tras noche, manifestándose en mi cabeza al hacer balance. No sólo siguen ahí, sino que con mis actos se agravan.

En esos momentos, más de uno me habría mandado a la mierda. Yo mismo reconozco que no soportaría a alguien como yo. Pero él ahí sigue, ajeno a todo. Porque no se da cuenta o porque no quiere hacerlo. Porque él sabe que no soy tan frío, tan arrogante, tan despiadado. Porque quizá me conozca mejor de lo que pienso, y sabe que todo esto es el resultado de mis luchas internas. O, quizá, simplemente, porque la amistad está para soportar este tipo de cosas y otras mucho peores.