30 abr. 2009

Hoy...

Hoy me he visto prepotente, vanidoso, estúpido.

Hoy he hecho daño a algunas personas y, qué asquerosa coincidencia, reír a carcajadas a otras.

Hoy me he visto como una mierda, como un cero a la izquierda creyéndome uno a la derecha. Hoy me he conocido.

Hoy me han defraudado, pero eso no es nada en comparación con lo que me he despreciado.

Hoy he sentido por primera vez lo que es una despedida. De esas que a partir de ahora y durante estos meses voy a vivir en exceso. Hoy he sentido lo que no quiero sentir.

Hoy he descubierto lo que significo para algunas personas. Hoy me han hecho ver el huequecito que lleno en sus vidas y me han hecho sentir algo mejor.

Hoy me he dado cuenta del valor que para mí tienen ciertas personas, y en especial una.

Hoy he entendido el verdadero significado de la palabra “hijo”, y no es aquel al que estamos acostumbrados.

Y hoy he llorado. Por primera vez desde hace mucho tiempo. Y todo esto ya no era teatro.

24 abr. 2009

Despachurrado

Esa es la palabra que mejor define lo que siento. Sí, sé que podría haber elegido otra, que en ella el decoro poético brilla –deslumbra– por su ausencia. Pero estoy convencido de que no hay ninguna otra que se ajuste mejor.

Y es que peor que el desmorone de un proyecto común entre varias personas es descubrir que alguna de esas personas no tiene la ilusión y el interés que tú sí pones en él.

(Los que me conocéis medianamente podréis intuir cuál es ese "proyecto" en el que durante esta semana más ganas estoy poniendo.)

20 abr. 2009

Instrucciones para montar en ascensor.

El primer punto importante a la hora de montar en ascensor es disponer de un ascensor. Y para disponer de un ascensor es preciso encontrar un hueco del ascensor donde encajar un ascensor. Un hueco del ascensor donde encajar un ascensor debe estar localizado en una construcción que admita un hueco del ascensor donde encajar un ascensor. Las construcciones que admiten un hueco del ascensor donde encajar un ascensor pueden ser variadas, aunque tienen la costumbre de corresponder a edificios. La altura del edificio que admite un hueco del ascensor donde encajar un ascensor no ha de ser ni escasa ni excesiva. Para un edificio de menos de tres alturas, un ascensor resulta irrisorio a la par que un indicio de falta de salubridad. Para un edificio de más de seiscientos cincuenta y nueve alturas, un ascensor resulta en la misma medida aburrido y peligroso.

El segundo punto importante a la hora de montar en ascensor es tener la necesidad de montar en ascensor. Si se necesita permanecer en la altura en la que se está, es probable que al hacer uso de un ascensor mudemos de planta, ya sea hacia arriba o hacia abajo, y eso se contradice con la necesidad que se tenía. Si, por el contrario, se necesita cambiar a una altura en la que no se está, al no hacer uso del ascensor es probable que no saciemos nuestra necesidad –a menos que se haga uso de las escaleras, cuya existencia despreciaremos en estas instrucciones–. Si no se tiene claro si se necesita permanecer en la altura en la que se está o si se necesita cambiar a una altura en la que no se está, la única utilidad que tiene el hacer uso del ascensor es la de encontrar tiempo para reflexionar en la intimidad acerca de si realmente se quiere seguir viviendo o si regenerarse en el Viaducto es una salida.

El tercer punto importante a la hora de montar en ascensor es saber cómo funciona un ascensor. Púlsese, presiónese, apriétese o tóquese el botón de llamada, sito junto a las puertas del ascensor en su parte externa. Aguárdese pacientemente. Pásese al interior de la cabina, siempre y cuando la(s) puerta(s) así lo permita(n). Nuevamente, púlsese, presiónese, apriétese o tóquese el botón donde figure el número de piso al que se desea ser transportado. Para ello es útil tenerlo claro, ya que los números que figuran son enteros y no admiten los decimales que resultarían de hacer la media entre los diferentes pisos entre los que se duda. Una vez cerrada(s) la(s) puerta(s), aguárdese otra vez pacientemente. Como puede verse, la complejidad de montar en ascensor reside en la ejecución repetitiva del juego pulsar-aguardar.

El cuarto y último punto importante a la hora de montar en ascensor es no tener fobia a montar en ascensor.



Por si las instrucciones resultases escasas, podéis encontrar en http://practicamenteimperfectaentodo.wordpress.com/2009/04/22/instrucciones-para-montar-en-ascensor/ algo mucho más original, ciertamente.

15 abr. 2009

No es usual.

No es usual que, montado en un coche de vuelta a casa, me pregunte adónde voy. Tampoco es usual que, montado en un coche de vuelta a casa, no me entienda a mí mismo. Y tampoco es usual que, montado en un coche de vuelta a casa, me dé cuenta de que no me entiendo. La carretera es aburrida. Es algo que, habitualmente, no cambia. Al menos, no de manera ruidosa. No hay novedades en los pueblos que voy atravesando, ni en los caminos que los unen. Y ello me invita a darle vueltas a lo mío, a hacer balance. Pero las cuentas no me salen positivas.

Si ya es odiosa la sensación de que has olvidado algo por meter en la maleta al emprender un viaje, la impresión de dejar atrás un pedacito de ti es, además de odiosa, atroz. Y si a eso se le añade que lo que vas dejando cada vez más lejos tiene nombre de mujer, la situación se vuelve insufrible. Todo ello queda fenomenalmente rematado cuando la mujer que responde a ese nombre es tan fría, tan reflexiva, tan prudente y tan discreta, tan cauta y reservada como lo es ella. Tan es así, que jamás escapará de sus ojos, creo yo, ni un atisbo con el que me desvele lo que siente.

Pero no, que no tiene nada que sentir. No ha de sentir nada porque yo... No es posible. Me resisto a creerlo. Las dudas me asaltan. Que siento algo, eso es seguro. La presión en el pecho no es invención mía. Las dudas residen en qué siento y en cómo lo siento. La carretera, sin embargo, no se me revela como una buena disipadora de dudas. El frío de la ventanilla, el runrún de la música en la radio y las caras adormecidas de quienes viajan en los coches que adelantamos no me dan respuestas ni consiguen que yo no las pida. Juro que esta vez es diferente. Lo juro. Aunque no sé en qué modo. Y mucho me temo que esta incertidumbre solamente podrá acabar cuando vuelva a tenerla frente a mí. Pero para ello tendré que esperar algún mes que otro.

13 abr. 2009

Doce meses.

Quizá un sábado por la noche en un bar no fuese el mejor momento para que ella contase su historia. Una historia que le hizo parecer la mujer más alegre sobre la tierra, pero que ahora se vuelve en su contra, mostrando su lado más desgraciado. Tuvo la felicidad al alcance de su mano, representada en una persona de carne y hueso. Pero hoy, a cientos de kilómetros de distancia, esa felicidad se torna sufrimiento e impotencia. Y parece exagerado pensar en que, ante esta situación, se prefiera no tenerlo a tenerlo tan lejos.

Pero no, ella no se arrepiente de nada. Sabe que, tras doce largos meses, volverá a verlo en la cita anual que este año los ha juntado. Está convencida de que, aunque la espera sea larga y dolorosa, compensará todo el tiempo perdido. Que sí, que puede que las cosas cambien mucho en tan largo tiempo, pero la esencia siempre se mantiene. Ha de saber que la distancia no es el olvido –menudo topicazo–, sino que el problema está en dejar pasar el tiempo, en dejar que todo se apague. El verdadero enemigo es la pereza, la dejadez, la comodidad. Hay que pelear por ello. Los obstáculos no se superan a menos que se intente y se ponga empeño en salvarlos.

Con el brillo de quien guarda la esperanza en los ojos, fue sincerándose ante su oyente, intentando imponerse al ruido de la música y las voces. Yo, realista por naturaleza, ejercí de optimista por primera vez en mi vida. Y descubrí que el serlo no mata a nadie.

4 abr. 2009

Instrucciones para comer espaguetis.

A partir de ahora, veréis varias entradas de este tipo. No me he vuelto un aburrido. O quizá sí, pero esto no tiene nada que ver. El caso es que he propuesto a una integrante novel de la blogosfera –¡Saluda, nueva compañera!– un reto que está encantada, y si dice lo contrario miente, de asumir. La idea ha surgido por una entrada que publicó en su día ella misma, bajo el título de “Instrucciones para nadar”. El reto es el siguiente: cada cierto tiempo –más, menos– publicaremos ambos en sendos blogs unas “Instrucciones para...” sobre algo que habremos acordado previamente –se admiten propuestas–. Cada uno por separado, le dará una perspectiva, siempre en clave de humor. De manera que podrán contrastarse dos maneras diferentes y totalmente absurdas de enfocar un mismo tema, obligándonos a explotar al máximo nuestro intento-de-originalidad y, de paso, entreteniéndonos. Ahí van las primeras. Instrucciones para comer espaguetis.


Comer. Masticar y desmenuzar el alimento en la boca y pasarlo al estómago. Espaguetis. Pasta alimenticia de harina en forma de cilindros largos y delgados. Comer espaguetis. Masticar y desmenuzar la pasta alimenticia de harina y pasarla al estómago. Hasta aquí, todo bien. Veamos los problemas que acarrea la ingesta de espaguetis en sus múltiples variantes.

Comer espaguetis, tal cual.
Hace falta ser un necio, un mentecato o un borrico para intentar comer espaguetis sin haberlos tenido anteriormente en agua bullente durante un período de tiempo aceptable. He dicho.

Comer espaguetis con tomate sin mancharte la ropa.
Desde tiempos inmemoriales, el vulgo ha gustado de condimentar los espaguetis –ya hervidos– con salsa de tomate, archiconocida por su mancha, calificada por las madres como “esa mancha no sale nada fácil”. Es por ello que una de las máximas preocupaciones históricas haya sido evitar que la salsa de tomate realice el trayecto plato-camisa. Sin embargo, según novedosas investigaciones, dicho trayecto resulta inevitable. Prestigiosos científicos, en busca de una solución, enunciaron: “Lo mejor va a ser ponerse una servilleta.”

Comer espaguetis con tomate sin mancharte la nariz.
Pruebe a deshacerse de su nariz durante la comida, introduciéndola en una bolsita y guardándola en el bolsillo a buen recaudo.

Comer espaguetis de manera que no escapen más de cinco centímetros de la boca.
Está tan extendida la costumbre de succionar espaguetis –ya hervidos– sorbiéndolos en toda su longitud que en ocasiones resulta de mal gusto no hacerlo. No obstante, para los más tradicionales, existe una manera de evitar que escapen de entre los labios en tan desproporcionada longitud: córtense a intervalos de cuatro centímetros y nueve milímetros.

Comer espaguetis con las manos.
Si usted es una de esas personas que intenta ir en contra del sistema hasta sentado a la mesa, este apartado le interesará. Aunque escurridizos, los espaguetis –ya hervidos– tienen una pasmosa flexibilidad que les permite enrollarse alrededor de los dedos. Si no posee cubiertos o si, sencillamente, no le apetece levantarse a buscarlos, comerlos con las manos puede convertirse en una efectiva o cuando menos simpática solución. Atención: si se es reacio a ensuciarse la ropa, la nariz o cualquier otra región de su espacio vital más inmediato, la alternativa puede no resultar agradable.

Comer espaguetis con el dedo meñique del pie izquierdo.
Se trata de una variante del anterior, inusual por la sencilla razón de que a nadie se le había ocurrido con anterioridad. Empero, es perfectamente viable. N.b.: si lo intenta y nota cierta molestia, olvide su propósito. Pertenece al ochenta por ciento de la población carente de flexibilidad.



Visítese la versión de doña Victoria, seguramente más ingeniosa, en http://practicamenteimperfectaentodo.wordpress.com/2009/04/05/instrucciones-para-comer-espaguetis/ y contrástese con la de un nada servidor de ustedes.