21 sept. 2011

Mi nombre es Daniel

Primer ensayo para la asignatura de Claves del pensamiento actual, del profesor J. Nubiola.

Mi nombre es Daniel. El nombre no dice nada de la persona. Con el nombre no sabes si una persona es alta o baja, simpática o biliosa, si le gusta la música o el deporte. En cambio, es algo que va a identificarla el resto de su vida. Así pues, es lo primero que debe señalarse en una presentación: mi nombre es Daniel. Después ya vendrá lo importante.

Tengo veinte años. Quiero decir que ya he vivido mucho, pero que no he vivido nada. He vivido mucho para poder decir: soy Daniel, tengo un lugar en el mundo. Pero no he vivido lo suficiente para poder hacer una buena retrospectiva, mirar atrás y hacer balance. Estoy en pañales. Yo sé que llegué aquí, fui cumpliendo con lo que se esperaba de mí y en ello sigo. He sido diligente en mis estudios, estoy orgulloso de mi familia y más aún de mis amigos, por cuanto a estos los he ido escogiendo con mimo y, considero, alta exigencia. Y ha sido en estos tres pilares donde he sustentado mis prioridades, donde he depositado mis mayores esfuerzos y esperanzas.

Podría hablar de cómo han transcurrido estos años. Podría decir que estudié en tal colegio de Pamplona, que sé tales idiomas o que he alcanzado tales logros. Podría enumerar fechas importantes de mi vida, lugares donde he vivido o personas con las que he tratado. Pero lo más interesante en una biografía no son los datos, sino la continuidad, la evolución. Preferiría hablar aquí de cómo se construye una personalidad, de cuáles son mis placeres, de cómo son mis valores. En definitiva, de lo que quiero y lo que odio, de lo que no cambia. Eso define a la persona, y es su mejor carta de presentación.

En primer lugar, no soy nada sin mis libros. Quizá no lea a grandes filósofos, ni haya leído a los mejores autores rusos. Quizá leo por leer, por la mera satisfacción de hacerlo, y quizá las enseñanzas sean, si no escasas, fútiles. Lo cierto es que siempre lo he encontrado placentero, desde sentirme un ciudadano Kane al comprar un carro de novelas con el que llenar un estante hasta terminar de consumirlas, pasando por datar y firmar cada ejemplar. Delibes me trajo grandes y tempranas satisfacciones, Hemingway me ha emocionado recientemente y Cela, inspirado. Sin mencionar el teatro, por el que siento fascinación, o el cine que ha llenado alguna que otra noche toledana.

Además, nadie puede presumir de conocerme si no está al tanto de mi afición por viajar y, muy especialmente, mi predilección por dos ciudades: París y Roma. Roma se conjuga en pasado, se disfruta en el presente y se proyecta a la eternidad. París es elegante, femenina, seductora. Bohemia. Chic. Y en las dos me siento como en casa.

Aunque lo que más sentido da a mi biografía, y a la de cualquiera, es con seguridad la gente. Las personas. Aquel abuelo con el que aprendí a leer, aquel profesor que descubrió mis habilidades, aquellos amigos que invierten en mí su áureo tiempo libre. Las personas marcan mi vida, quizá de manera más significativa por mi manera de ser. Mi carácter esquivo, meticuloso y desconfiado no me granjea la simpatía de muchos, por lo que paradójicamente tiendo a valorar en mayor medida mis relaciones. Aunque esto es ya harina de otro costal.

Esto es lo que puedo decir a día de hoy, tras haber vivido veinte años. Por ello no son sino vagas pinceladas. Al Autor le queda todavía mucho cuadro por delante.