01/02/2010

Historia de un adiós inopinado.

Has dicho, a modo de despedida, unas palabras preciosas. Me has augurado éxito, me has dado fuerzas, me has llenado de esperanza. Me has hecho ver la suerte que tengo, mis capacidades, el calor de la gente que me rodea. Me has confesado el lugar preferente que ocupo en tu vida, y yo, en cambio, he guardado silencio mientras meditada.

¿Por qué? Quiero decir, no tendría de qué quejarme. Todo parece tan perfecto, y sin embargo, ¿de qué me sirve si, después de eso, desapareces de aquí, sin decir nada más? Llegaste a mí en silencio, discreta. Y te vas como viniste, sin hacer ruido, de la noche a la mañana, por la puerta de atrás. Sin escándalos, sin espectáculos. Sola. Y eso es injusto.

Odio esta vida y sus estúpidas vueltas. Te da y te quita lo que tienes sin que puedas pedir reclamaciones a nadie. Todo pasa como un yoyó. O lo coges en el momento en que la vida te deja cogerlo y lo mantienes tanto tiempo como quiere que lo tengas, o dalo por perdido. Las oportunidades rara vez vuelven. Se tuercen y desvanecen, se diluyen en la negrura del cajón sin fondo. No hay nada inmutable. De eso ya no queda.

El caso es que yo cogí esa oportunidad. La tomé, y sin sospechar lo pronto que a esta vida le apetecería quitármela, disfruté de ella. De Ella. Hasta que, sin tú ni yo esperarlo, de golpe y porrazo unas tristes frases anuncian el punto y final. Telón y ovación. Felicitaciones: ha sido todo un placer. Una bonita anécdota. Hasta otra, señorita.

No hace cinco meses que te he conocido. Van a hacer falta más de cinco siglos para que olvide haberlo hecho.

22/01/2010

Pamplona huele a frío.

Mi ciudad huele distinto en invierno. No sabría cómo explicarlo, pero Pamplona tiene un olor característico cuando hace frío, un olor que me encanta, un olor misterioso. Porque es algo que no se encuentra en ninguna otra ciudad. Es único. Y sin embargo, o quizá por eso mismo, indescriptible.

Pamplona en invierno huele distinto. Distinto a cualquier otra estación y distinto a cualquier otro lugar del mundo. Y ello hace que mi ciudad sea tan fascinante en esta época. Acaba siendo odiosa, de acuerdo, pero todo tiene su lado bueno. Incluso el invierno. Y el lado bueno de Pamplona, ese encanto que la hace distinta, es la sensación, el olor que acompaña al frío.

En invierno, Pamplona huele distinto. Me gusta pasear por el centro un día cualquiera de frío, de frío intenso. Muy abrigado, pero sintiendo el frío en la punta de las orejas. Y respirar. Respirar profundamente por la nariz y sentir el aire helado dentro de mí. Un picor que me recorre desde la nariz y se pierde en cualquier punto de mis pulmones. Y sentirme vivo.

Y si no he tenido suficiente, a la hora de la cena siempre asomo la cabeza por la ventana de la cocina. Y miro, y pienso en qué estará sucediendo en cada una de las ventanas iluminadas, en quién conducirá cada uno de los minúsculos coches. Y aspiro, para que ese extraño olor penetre y me taladre la cabeza. Ese olor que no huele. Ese olor a frío.

30/12/2009

Bajo sus pies, el crujido de una nieve que pronto desaparecería.

18/12/2009

Gente que necesita comprensión...

A writer writes not because he is educated but because he is driven by the need to communicate. Behind the need to communicate is the need to share. Behind the need to share is the need to be understood. The writer wants to be understood much more than he wants to be respected or praised or even loved. And that perhaps, is what makes him different from others.
Leo Calvin Rosten.

09/12/2009

Ella, otra vez ella.

“¿Puedo creer que aquesto es verdad?”

Oscura, muy oscura. Turbia, casi opaca. Toda la belleza encerrada en su cuerpo, toda la dulzura concentrada. Auténtica esencia. Fuente incesante de dolor y de alivio. Los momentos a solas son un frenesí, un infierno de placer. Una especie de montaña rusa, con sus cosquilleos y sus ganas inagotables de gritar. Vuelvo a sentir aquel extraño picor cálido, que me envuelve al tenerla cerca. Terrible. Pero tan adorable. Me dejaría perder en la negrura de su pelo, en la palidez de sus manos, en la ternura de su gesto. Me dejaría perder aun a sabiendas de que no volvería. Me dejaría perder, si ella es quien me lleva.

Pero, ¿es en realidad ella? Claro. No sé, a veces cambia. Adopta distintos nombres, distintos cuerpos. Pero es ella, la misma. La que me desvela, me hipnotiza, me posee y me abrasa vivo. Y la que me encanta.

06/12/2009

Utopía.

Ven, no tengas miedo. Vamos a vivir, pero a vivir de verdad. Olvídate del resto, de todo lo que te hizo sufrir. Eso ya no vuelve. Y olvida todo lo que pueda venir, no pienses en nada más. Vamos a volar. Aquí y ahora. No pienses en las consecuencias. Ya no existen. Lo que haya de venir, ya llegará. Pero hasta entonces… Ven, dame la mano. Va a ser muy fácil. Sólo tienes que dejarte llevar. El tiempo parará, no te preocupes. Sólo estamos tú y yo, y las ganas de hacer algo grande. Los demás, que miren si quieren.

17/11/2009

Pleno.

Sí, me siento pleno. Porque empiezo a darle la vuelta a todo. Reforma integral. Y dejo de ver lo negro para ver lo blanco. Porque lo malo no es tan malo, y siempre puede ser peor. Porque en mi nueva vida he encontrado a esas nuevas personas que hacen que afronte cada nuevo día con ganas, con ilusión, con la certeza de que pueden hacer de él algo especial. Porque he entendido que el no ver a ciertas otras a diario se compensa con creces en los encuentros fortuitos. Porque empieza a gustarme esto de la vida, de sus pequeñas cosas, de las que te hacen sentir mejor. De esas que siempre están ahí para darle color al asunto. Detalles que alegran y que, en fin, son esencia. Minicápsulas de felicidad concentrada.

Necesitaba cambiar la banda sonora de mi vida. Y creo que lo he conseguido. Eso sí, intentaré que siempre sea de Yann Tiersen.

31/10/2009

Invierno, ¿infierno?

Gotas de lluvia resbalan incesantemente por los cristales. Una gruesa manta de lana envuelve mi cuerpo por completo, sin dejar aberturas. El viento me pone rojas las orejas. Los calcetines de rombos acaban picando al final del día. Mi prenda de abrigo. Un nesquick se templa en el microondas. Guantes protectores, volver a usar bufanda. Me encanta comprar ropa de invierno. Y libros. Que ya sea de noche, y sólo sean las seis. Me tranquiliza tanto ver caer la nieve, silenciosa, frenética. ¡Oh, un día de sol! Una cafetería acogedora donde recobrar la sensibilidad de los dedos. Cine francés para una melancólica tarde de domingo. Niños tan abrigados a los que sólo se les ven los ojos chapotean con sus botas en los charcos de la calle. Después de pasarme el día en pijama sin que nadie pueda decirme nada, me meto de nuevo en la cama, perdido entre tanta funda nórdica, escondido hasta más allá de la nariz. Antes de salir a la calle, coloco mi ropa en el radiador, para que esté lista al salir de la ducha. Tardes de familia y periódicos. Noche de reyes. Polvorones y mantecados y mil maravillas gastronómicas. Y, sobre todo, adiós, moscas, mosquitos y demás familiares y amigos.

Va a resultar que el invierno no es tan feo como lo pintan...

27/10/2009

Breves instrucciones para ser Vicky.

Sean originales. Extraños, diferentes, raros. Como le quieran llamar. Salgan de la norma, dicho de otro modo. Tengan sus manías, sus peculiaridades. En el hablar, en el vestir, en el moverse. En sus gustos y aficiones. Etcétera. Inventen un lenguaje nuevo. Plagadito de apodos, claves, metáforas, de manera que nadie les comprenda. Casi nadie.

Sean despistados. Esto exige menos esfuerzo: resulta muy fácil perder algo, olvidar algo, evadirse de algo. No tan fácil para el no iniciado: cuesta adaptarse. Una vez adaptado, coser y cantar. Doy fe.

Sean perezosos. Todo aquello fuera del alcance del sofá, desconózcanlo. Óbvienlo. Carece de importancia y/o interés. En cuanto al esfuerzo personal, mientan. Pequeñas mentirijillas, nada serio, no alarmarse. Simplemente, digan que “este año sí que estudio” cuando no lo hacen. Por pereza, claro.

Sean únicas, irrepetibles, sorprendentes, inigualables. Sean Vicky.


Esperemos que la arriba nombrada haya sido un poco más precisa y benévola con el abajo firmante...
http://practicamenteimperfectaentodo.wordpress.com/2009/10/27/breves-instrucciones-para-ser-dani/

24/10/2009

Faltas.

Noto huecos. Horas vacías, sin sentido. Tiempo y dedicación que antes pedía la gente que me ha visto crecer. Es como si, de repente, al niño que tanto disfrutaba de su piruleta se la quitase la vida sin poder hacer nada por evitarlo. Me hacían tan feliz... Eran un refugio. Una fuente de confianza. Siempre he sido una persona cobarde, temerosa; y era el saber que día tras día, sin excepción, podría verles y hablarles lo que me consolaba y me infundía la seguridad que me ayudaba a seguir adelante, a combatir otros miedos y males. Una constante de mi vida que nunca me abandonaría.

Nunca me ha resultado fácil confiar ciegamente en alguien. Tampoco abrirme, siempre he sido muy suspicaz. La amistad se pierde muy fácilmente, pero se gana con sudor, y más en mi caso. Ahora me siento a la deriva, como si hubiese que volver a empezar después de todo el tiempo empleado. Perdido, como el niño. Y no es que mi nueva vida no sea plena: en ocasiones he manifestado lo radiante que me siento tras el cambio, en mi nuevo ambiente, entre mis nuevas circunstancias. Pero, cuando has tenido algo tan preciado, es difícil conformarse con premios de consolación.

Resulta gracioso. Antes de que todo esto ocurriera, viéndolo venir, siempre afirmé que merecía la pena esforzarse por conservar los tesoros que ahora veo perderse. Y, no obstante, ahora que lo vivo, me doy cuenta de lo imposible que se vuelve jugar a tantas bandas. Y ello me hace sentir tan nulo, tan incompetente...