20 nov. 2011

Lastres

Los seres humanos tenemos memoria, hasta aquí nada nuevo. Una de las tantas cosas que nos diferencian de los animales. Y, si me permitís, la memoria es la gran ventaja que nos hace fuertes. Podemos recordar, ahí es nada. Pero no quiero hablar de esto. Al menos no de manera general.

Las personas, utilizando la memoria, estamos llamados a acumular. Podemos coleccionar sin tener que renunciar a nada de lo adquirido previamente. ¿No es maravilloso? Acumulamos experiencias, recuerdos, amistades. Sobre todo amistades. Es propio de animales, por tanto, el no acumular, el decidir soltar, dejar escapar para dar entrada a una nueva. Experiencia, recuerdo, amistad. Especialmente amistad.

De estas premisas, entonces, deduciremos que quien suelta, quien deja pasar, quien, por vaya usted a saber qué ilógica razón, cambia de opinión, olvida y renuncia a un logro para iniciar la conquista de otras metas, quizá ande en algún modo errado. Buscar sustitutos no es la manera. Quizá necesite ayuda, quizá tengamos que hacerle ver que sí, que puede descubrir nuevos horizontes, que eso siempre beneficia, pero que lo pasado no es un lastre, no hay que cortar cuerdas, nada le impide volar. Sobre todo teniendo en cuenta que, en realidad y él lo sabe, acabará echando de menos al lastre de quien ahora se desembaraza.

Ah, y por si todavía tienes dudas, sí, esto va por ti. Probablemente no te des por aludido, hace ya tiempo que me oyes sin escucharme, que no quieres ver, que prefieres engañarte. Pero esperaré por siempre, incansable, con la mejor de las sonrisas, pues la paciencia todo lo alcanza.

Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. (Jn 15:13)

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