20 dic. 2011

La mora roja de pizquitas

Otra vez, te vas. Pero esta vez no es como las demás. Esta vez se cierra una caja de pandora, una bomba que nos ha explotado sin querer, que nos ha dado a los dos en la cara y que me ha dejado con un palmo de narices. Se cierra una etapa convulsa, molesta, quién sabe si es para siempre o se trata solamente de una tregua. Quién sabe si, después de haber puesto todo de nuestra parte, habremos conseguido finalmente echar las siete llaves y arrojar la jaula al mar. Quién sabe si ojalá.

Seguramente era necesario. Es posible que estuviese ya escrito. Había de pasar, y probablemente hayamos salido reforzados, mejorados. Al menos yo. He aprendido a quererte y a merecer tu cariño. He intentado borrar mis defectos, limar los engranajes y engrasar cada tuerca, sin dejar de ser yo mismo. Y estoy feliz con el resultado. Sé que no puedo exigirte más que al resto, sería absurdo hacerlo. Porque yo te conocí a ti, con tus nombres y apellidos, con tu historia y tus defectos, con tu vida y con tus obras. Es así como me ganaste, y así será como debes seguir siendo.

Y me da igual si no te acuerdas de que mi favorita es la mora roja de pizquitas, y si nunca sabes cómo se llaman mis amigas. Me da igual porque cada uno es como es, a ver, y cada uno quiere a su manera. Y yo sé que me quieres, y si no me quieres qué más da, que yo si lo hago, y te quiero, pero me quiero más a mí, y existo, y soy, y soy feliz. Y es la risa tuya cuando hago una tontada la que me ayuda a luchar contra el monstruo este que tengo dentro.

2 comentarios:

Carlos De Domingo dijo...

"Envidia" me das por acabar los exámenes (y, seguramente, haberlos hecho bien: yo no). Ya escribiré yo algo al acabar (es decir, si pensara que en algún momento llegué a empezar: es confuso).

PA dijo...

Me ha gustado mucho Nani. Ya sabes lo que dicen; el verdadero amigo es aquel que a pesar de saber como eres te quiere. Y es cierto.