2 jul 2012

Las personas de cristal no soportan el dolor

Ya no tienen miedo a nada. Ya han callado durante mucho tiempo y ahora gritarán. Se ven optimistas, se ven ganadores, se ven jugando en la boca del lobo. Saltan de madriguera en madriguera sin torcerse el tobillo. No temen los mordiscos. Los tropezones, las zancadillas, todo eso no hace daño. Hay quien quiere verles llorar, pero no lo conseguirán. No, porque ya no lloran, ya no se lamentan. Ya no. Arriesgan y ganan. Y otras veces pierden. ¿Y qué? Al diablo la ansiedad. Al diablo las poses, los papeles, las apariencias. Saben que no son inmortales. Son ellos. Inciertos y volátiles, seguros de su inseguridad. Son como son y hoy quieren arrasar. Dejan de calcular. Dejan de calcular porque no les sirve de nada. Para qué. Si el castillo de naipes acabará derrumbándose; solo entonces tiene gracia. Si nada será igual mañana. Ni siquiera ellos serán los mismos. No pueden tener el control de todas las cosas. Pero, de las que pueden, lo tienen. Y ellos conducen. Porque quieren. Y quizá no sepan adonde, pero saben que lo quieren. Quizá se arrepientan. Quizá no. Probablemente no.

Quizás solo necesitaba leer entre líneas. Quizá solo Guille tenía la clave.

19 jun 2012

De bofetones.

TEODORO:
[...] Si no te quiero te enfadas,
y enójaste si te quiero;
escríbesme si me olvido,
y si me acuerdo te ofendo;
pretendes que yo te entienda,
y si te entiendo soy necio.
Mátame o dame la vida;
da un medio a tantos extremos. 

Lope de Vega, El perro del hortelano.

7 jun 2012

Una ardilla, un señor de bigotes y un bol de cereales.

Una vez me encontré con una ardilla, un señor de bigotes y un bol de cereales. Yo, muy cortés, “muy buenos días”, les dije; “¿qué hacen ustedes?”, les dije. La ardilla, muy cortés, me saludó con el bombín. La ardilla era muy educada, pero la ardilla no hablaba. El señor de bigotes, éste sí que hablaba, dijo ser de París. Me mostró la baraja. “Jugamos naipes”, me dijo. El bol de cereales asentía. El bol de cereales tenía una mirada sospechosa. El bol de cereales, a todas luces, escondía un as bajo la manga. “¿Quiere usted jugar naipes?”, ofreció la ardilla. Pero la ardilla no hablaba. La ardilla lo dijo en lengua de signos. Yo lo entendí perfectamente, porque una noche, en abril, Calvo Sotelo me enseñó la lengua de signos. Desde entonces entiendo la lengua de signos, pero apenas puedo hablarla. La lengua de signos es difícil para quien no tiene necesidad de hablarla.

Puesto que decliné la oferta de jugar naipes –el bol de cereales tenía una mirada sospechosa-, la ardilla, muy cortés, volvió a saludarme con el bombín. El señor de bigotes, que esta vez dijo ser de un pueblecito de Zamora, se mostró rudo y me invitó a marcharme de muy malas maneras. Desde entonces tengo miedo de los señores de bigotes. Excepto de Nietzsche. Nietzsche siempre me ha caído muy simpático. Y sabe hacer malabarismos con naranjas.

Seguí caminando y me encontré con una lata de berberechos. En un principio dudé si los berberechos habían entrado ahí por propia voluntad o si había sido la lata quien los había engullido. Pero los berberechos bailaban la conga dentro de la lata y me pareció irrespetuoso preguntárselo. Así que resolví creer en la buena fe de la lata y en la buena fe de los berberechos. Me comí un par y seguí caminando.

Me llegué al río y me ahogué. Pero no me ahogué solo. Un salmón me acompañó. “¿Quiere usted que nos ahoguemos?”, me dijo. “Yo no sé nadar”, me dijo. “Ya verá usted como nos ahogamos rapidito, no se va a dar apenas cuenta”, me dijo. Y claro, yo me ahogué.

29 may 2012

Tengo miedo, ¿sabes?

Tengo miedo, ¿sabes? Miedo a ti, a mí, a mi cabeza. Miedo a tu indecisión, a la mía, a la confusión, al caos destructor. Tengo miedo al dolor, a que se repita, a que sea demasiado tarde, a que cabalguemos a dos velocidades. Podría decir que estoy nervioso, confuso, enfadado, alterado, triste. Pero no. Lo que tengo es miedo. Miedo a tu silencio. A tu esquivez. A tus ojos, a esos ojos. A estar cayendo. A que me hagas caer. Miedo a caer y que tú no.

Tengo miedo, ¿sabes? Miedo a que tengas miedo. A que pienses que volverá a ocurrirte. A que veas el peligro en mí, a que me veas igual que a otros. Miedo a que eso te condicione, a que le des vueltas, a salir perdiendo. Miedo a tu pasado.

Tengo miedo, ¿sabes? Miedo a que todo esté en nuestra contra. Que lo está. Miedo a los demás. A que haya demasiadas cosas en juego. Pero, sobre todo, a que nosotros seamos los juguetes. A que yo lo sea. Tengo miedo.

¿Sabes?

Pero creo que tú tienes más miedo que yo.





“¿Lo primero que pienso por la mañana? Pues no.” Dime solo una cosa. Dime que podrías seguir negándolo. Dímelo.


Here and now.

5 abr 2012

Decido no sucumbir

Lo que hace meses parecía imposible, lo que nunca pensé que sería capaz de decir, todo eso –por fin– ha llegado. No, que no te alivie, si lo he conseguido ha sido por mí. Y por los demás. Te quiero pero me da igual que tú no. Te aguanto pero a veces preferiría no tener que hacerlo. Estoy contigo pero ni siquiera te busco. Ahora no. Antes sí. Ahora no. Minipunto para Daniel.

Por fin podemos respirar. Cada uno de lo suyo. Yo he perdido el tiempo: ya lo recuperaré. Tu familia, tus amigos, tus cosas. Já. Luego me vienes con esas. Al diablo. Se acabó el perrito faldero. Siempre esperaré paciente, insisto, una cosa no quita la otra. Pero con la cabeza bien alta, a ver. Nada de lloriqueos. Solo faltaba. Si soy feliz. Si tengo cien mil cosas que me hagan sonreír. Si ya no eres lo primero. Ni lo segundo ni lo tercero. (¿Lo fuiste, realmente?)

Coexistencia pacífica, eso lo llevamos muy bien. Me gusta, de hecho. Todos contentos, sin sobrepasar una raya que nadie quiere sobrepasar. Así debería haber sido siempre. Pero no lo fue. Y ahora me dejas como herencia una canción que ya no podré escuchar y una necesidad irrefrenable de hablar de lo poco que me importas. Pero por lo demás bien y tal.

4 abr 2012

He tenido que borrar "Sucumbir" de mi iPod porque no vas a amargarme la fiesta. Esta vez no, señor.

16 mar 2012

De como el amor se pasa

TRISTÁN: [...]
. Primeramente has de hacer
resolución de olvidar,
sin pensar que has de tornar
eternamente a querer;
. que si te queda esperanza
de volver, no habrá remedio
de olvidar; que si está en medio
la esperanza, no hay mudanza.
. ¿Por qué piensas que no olvida
luego un hombre a una mujer?
Porque, pensando volver,
va entreteniendo la vida.

Lope de Vega, El perro del hortelano.

1 feb 2012

¿Por qué no me haces una lista de "costumbres que ya no", para no ser yo el idiota que piensa que no todo está perdido?

24 dic 2011

Y entre el caos de repente

Apareciste. Y pusiste orden. Y diste luz. Y trajiste calma. Y me fuiste conquistando. Con tu cuerpo menudo, tu sonrisa, tus manos y tus perlas. Entraste de pronto, ocupando poco a poco el hueco que en mi cabeza invadía la negrura. La fuiste expulsando, me fuiste distrayendo. Y ahora has inundado todo. Solo oigo tu risa, eterna, perfecta. Ya no necesito más, ya nada más me hace feliz. Solo quiero vagar a la deriva por el mar de tu pelo, suave, tan suave. Oír cuando me hablas y que me tiemblen las piernas. Sentir cuando llegas porque huele como a miel. Olvidar los problemas, y el tiempo, y las prisas. Pensar a cada hora, a cada minuto, a cada minúsculo segundo en ti, como si fuera a morir, como si deseara tener grabados tus rasgos por siempre en la retina.

Entraste como remedio y te quedas como enfermedad. Dulce y adictiva enfermedad.

20 dic 2011

La mora roja de pizquitas

Otra vez, te vas. Pero esta vez no es como las demás. Esta vez se cierra una caja de pandora, una bomba que nos ha explotado sin querer, que nos ha dado a los dos en la cara y que me ha dejado con un palmo de narices. Se cierra una etapa convulsa, molesta, quién sabe si es para siempre o se trata solamente de una tregua. Quién sabe si, después de haber puesto todo de nuestra parte, habremos conseguido finalmente echar las siete llaves y arrojar la jaula al mar. Quién sabe si ojalá.

Seguramente era necesario. Es posible que estuviese ya escrito. Había de pasar, y probablemente hayamos salido reforzados, mejorados. Al menos yo. He aprendido a quererte y a merecer tu cariño. He intentado borrar mis defectos, limar los engranajes y engrasar cada tuerca, sin dejar de ser yo mismo. Y estoy feliz con el resultado. Sé que no puedo exigirte más que al resto, sería absurdo hacerlo. Porque yo te conocí a ti, con tus nombres y apellidos, con tu historia y tus defectos, con tu vida y con tus obras. Es así como me ganaste, y así será como debes seguir siendo.

Y me da igual si no te acuerdas de que mi favorita es la mora roja de pizquitas, y si nunca sabes cómo se llaman mis amigas. Me da igual porque cada uno es como es, a ver, y cada uno quiere a su manera. Y yo sé que me quieres, y si no me quieres qué más da, que yo si lo hago, y te quiero, pero me quiero más a mí, y existo, y soy, y soy feliz. Y es la risa tuya cuando hago una tontada la que me ayuda a luchar contra el monstruo este que tengo dentro.