28 feb. 2009

Marcha atrás.

Por circunstancias que no vienen al caso –aunque son realmente interesantes, en mi opinión–, llegaron a mis oídos ayer por la tarde pequeñas pinceladas de un brillante reportaje acerca del amor y del posible componente químico que en él reside. Naturalmente, lo primero que hice nada más llegar a casa fue bucear en hemerotecas hasta encontrar el reportaje en cuestión al completo. Al margen del tema de la química y las hormonas –asunto que a mí, personalmente, no me llama especial atención–, pude encontrar el pasaje que rondaba mi cabeza. Hacía referencia a la postura que un buen número de doctos en etología mantiene acerca del amor humano como una derivación del primitivo cortejo mamífero. Se hacía alusión al “notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y belicosidad hacia los posibles rivales” en la lidia –por continuar con la agresiva alegoría– amorosa de los mamíferos.

Si bien es cierto que las palabras escogidas por el autor parecen restringirse al ámbito irracional, es innegable la aplicación de esta serie de actuaciones al comportamiento humano. Yo, personalmente, ni siquiera hablaría de ‘derivación’, sino de un puro calco a la manera de actuar en el resto de los mamíferos, ¿no os parece? El notable despliegue de energía tiene un buen indicador en la sudoración excesiva que el tonto o tonta de turno –o turna– experimenta teniendo a su ‘presa’ en derredor. La persecución obsesiva se hace patente un sábado cualquiera por la noche, siendo la frase preferida para disimularla “¡Oh! ¿Cómo tú por aquí? ¡Qué encuentro tan fortuito! No sabía que salías...”. Y en cuanto a la protección posesiva y la belicosidad para con rivales... En fin, ¿existe mejor ejemplo que “¡A que te hostio como toques a la titi, cabronazo!”?

Cada día, la raza humana muestra mayores signos de evolución... marcha atrás. Incluso en eso no dejará de sorprendernos.

3 comentarios:

Bian dijo...

Por mucho que le dé vueltas, creo que nunca me atrevo a llegar al fondo de la cuestión. Me gusta quedarme en la idílica superficie del fenómeno amoroso.
Es algo que mi tan predominante parte racional no consigue hacer. Por algo será... en fin, qué bointo es el amor, y qué horror cómo se ve un sábado a la noche! ^^

Bian dijo...

*bonito

Marta González Coloma dijo...

Sea lo que sea, dejemos las consideraciones científicas para otro rato, aunque son realmente interesantes :)

Te lo dice una enamorada que se niega a creer que el amor sólo es eso...