9 oct. 2009

De noche llega

De noche llega. La trae la luna, la negrura. La tranquilidad y la acumulación de acontecimientos del día. La inspiración llega acompañada del frío manto. Estoy convencido. Cuando por falta de luz no vemos claro aquello que está fuera de nosotros, es momento de mirarse dentro, de rebuscar. De encontrar lo más profundo, lo más extraño y lo más sorprendente. Y siempre, siempre se encuentra algo.

Es momento de abandonar lo diurno, lo banal, lo intrascendente. Se piensa en otro tipo de cosas, asuntos de almohada. Se hace balance. Amistad, amor, familia. Directo a la esencia de todo ello. L’essentiel est invisible pour les yeux. No así para el ojo de la mente. Todo se clarifica, se distingue. Me dirijo al centro, a lo verdaderamente importante. Y ahí contemplo.

Contemplo a los seres humanos, incomprensibles ellos. Sólo física, sólo química, dicen algunos. Conjunto de reacciones. Sí, ya. Y un pimiento. La complejidad llega a asustarme. La mía, mismamente. Mis actuaciones, mis palabras, mis cambios de humor. La lucha infatigable entre el deber y el querer, el ahora y el después, el yo y los demás. Somos engranajes perfectos pero emocionalmente desequilibrados. Incapaces de controlarnos. ¿Incapaces? Quizá no queramos.

Contemplo lo que nos hace humanos. Caridad, ayuda, comprensión, oportunidades. Lo que nos aleja. Intolerancia, prejuicios, rencor, envidia. Contemplo nuestras relaciones. Es preocupante lo difícil que resulta querer y lo poco que se tarda en despreciar. Extraña la facilidad de unos y lo mucho que les cuesta a otros hablar, reír, abrirse y entender al resto.

Contemplo las palabras, tan sencillas, tan precisas, tan bellas. Y a la vez tan vacías y huecas. Un arma de doble filo que se ajusta a cada persona según su objetivo.

Un retrato global de lo que nos afecta. Lo esencial de ese tipo de asuntos, pero también de los detalles. Sí, los detalles también tienen su esencia. Pequeñita, escondida, muchas veces despreciada. Son esos matices que, inconscientemente, nos afectan. Creemos no verlos, a veces es verdad que no los percibimos conscientemente, pero ahí están. Esculpiendo y modificando nuestra manera de ver nuestro mundo. ¿Ejemplos? El más bonito, una sonrisa.

De noche llega, estoy convencido. Pero con ella, el sueño. ¿Será momento de invertir mis horarios?

1 comentario:

Vicky dijo...

El escritor es un animal nocturno.