2 ago. 2008

Fueron los ojos.

Pensad en un sitio en el que necesitéis la mayor intimidad del mundo. Ese sitio en el que no sólo disfrutáis de la soledad, sino que incluso sea totalmente necesaria. Todos tenemos ese sitio en el que reencontrarnos con nosotros mismos, reflexionar y permanecer en él diez minutos cada día. Un lugar en el que dejas de lado todo ruido externo para escuchar únicamente tu interior…

Vale, sí. Me refiero al váter. ¿Hay algo más íntimo que ese momento del día (que yo, afortunadamente, tengo perfectamente regulado como si un reloj suizo lo controlase) en el que te sientas a ver los minutos pasar? ¿No necesitáis total intimidad y soledad, o de lo contrario os incomodáis y no procedéis como es debido? Siento hablar de algo tan mundano, y estoy evitando en toda medida palabras explícitas, pero quiero compartir un sentimiento de desasosiego que me invadió por completo ayer tarde.

Una amiga tiene una casa. En esa casa hay un baño. En ese baño hay un váter. Pues bien, justo a su lado se encuentra una figura con dos enormes ojos que parecen vigilarte desde el mismo momento en el que los divisas desde el pasillo. Fueron esos desorbitados globos oculares los que me infundaron tal sentimiento de desasosiego que no pude desembarcar (utilizaría el eufemismo polinizar, pero aún no está lo suficientemente arraigado) a mi aire durante el día de ayer, por lo que mi humor pudo verse afectado notablemente. Lo siento, no fui yo. Fueron los ojos.

2 comentarios:

Bian dijo...

Jajajajaja! Qué risa Dani, no me creo que no pudieras polinizar a gusto...
Ya lo siento, pero espero que el resto de la casa lo compensara por lo menos ^^

mariu dijo...

jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajjajaaja
bueenisimo!me encanta este blog!