24 may. 2009

Descubrimientos tardíos

Llevaban ahí toda la vida. Siempre a tu lado, siempre en silencio y sin sobresalir. Es muy probable que te acompañasen desde que tienes uso de razón, pero jamás habrías adivinado lo feliz que te podían hacer. Sucede como con aquellas personas a quienes ves con frecuencia y crees conocer sus facciones, pero un día te paras a escrutarlas minuciosamente hasta asombrarte al descubrir una cara diferente a aquella con la que de normal te encuentras. Siempre el conjunto y jamás el detalle. Pues bien, del mismo modo ocurre con esas personas que han vivido desde pequeñas a tu par, caminando cerca de ti pero nunca cruzándose en tu camino. En la vida te habías planteado que las quisieses ni que te quisieran. Nunca las has necesitado ni ellas habían solicitado tu ayuda. Y, de repente, una noche cualquiera en la que piensas en tu futuro y en tu pasado más que de costumbre, ves con claridad que os une un extraño afecto. Descubres que, aunque podrías haber pasado sin ellas, los tontos detalles y las pequeñeces del día a día han conseguido que esas personas te tengan en consideración. A ti, que de ningún modo creías merecerlo. Y el solo hecho de saberlo te hace sentir una felicidad, un arrope difícilmente descriptible. Es entonces cuando te arrepientes de no haberlo descubierto antes, sino ahora, tan cerca de una separación que a todas luces es irrevocable. Y es entonces cuando te falta el aire para dejar claro a voz en grito que tú también las quieres.

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