1 sept. 2009

Tesoros estivales

Otoño había llegado y con él, la melancolía del
verano.
Facto Delafé y las flores azules, Letargo.

Y es que no lo puedo evitar. Soy melancólico por naturaleza. Y todos, incluido yo, sabemos lo perjudicial que resulta; muchas veces lo he comentado: el melancólico tiende a ofuscar el presente e idealizar el pasado. Pero es tan inevitable… y tan dulce.

Esta tendencia no es mala. Quiero decir objetivamente. Objetivamente no es mala. No es más que un vestigio de aquella felicidad que en un tiempo se tuvo. Y la felicidad siempre es agradable, eso no tiene vuelta de hoja.

Vengo de disfrutar del verano más corto de mi vida. No diré el mejor: mi cabeza, de estructura aún científica, no admite sino mediciones cuantitativas. Cada verano es diferente al anterior, pero lo cierto es que ninguno resulta prescindible. Entrado en septiembre y con tres meses a mis espaldas, ya me asalta esta maldita sensación de no haber exprimido al máximo cada segundo de las noches estivales. A punto de atravesar las puertas del otoño, me vienen a la cabeza las decenas y decenas de noches, todas diferentes, todas igualmente perfectas. No importa el lugar donde parase ni la compañía.

Noches por las calles de Pamplona, en las fiestas “sin igual”, con los encuentros más (in)esperados. Noches en la playa, de fuego, sal y magia. Noches hijaranas, rabineras, de charrada. Noches mediterráneas, delfines en la luna. Noches despistado. Noches de reencuentros, de despedidas. Noches irrepetibles. Todas ellas. No las cambiaría por nada.

2 comentarios:

Vicky dijo...

Vaya, al parecer el verano no sólo te ha servido para coleccionar recuerdos, sino que te ha inspirado, ¡menuda racha de actualizaciones! xD

Paloma dijo...

"La melancolía es el placer de estar triste"-Victor Hugo