8 sept. 2008

Es el tiempo, no la distancia.

¿Qué nos ha ocurrido?, preguntaste mientras examinabas mi rostro, con miedo, al no encontrar en mí aquel confidente con quien tanto tiempo pasaste. ¿Qué nos ha ocurrido? El tiempo tiene la respuesta. El tiempo es el culpable de que, a día de hoy, todas aquellas horas juntos te parezcan una historia ajena a mí, como si no fuese yo, como si fuera otro. Es el tiempo, no la distancia, quien ha conseguido que seamos dos extraños, dos desconocidos después de haberse conocido como nadie. Aguanté una lágrima que jugaba con mi garganta, haciendo un nudo casi tan doloroso como verte y descubrir que el tiempo te ha cambiado, me ha cambiado a mí contigo y nos ha separado. Tú aguantabas también el llanto, un llanto que se tradujo en una voz lejana y quebrada al formular tu pregunta.

Prométemelo, dijiste al romper a llorar, prométeme que nunca nos volverá a pasar, que a partir de ahora volveremos a ser aquellos niños. Yo, incapaz de responder, te abracé por toda respuesta.

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