3 sept. 2008

Una sensación familiar.

Otra vez no. Ya he picado muchas veces, pero esta vez no picaré. Llego prevenido. Como digo, no sería la primera vez que me ocurre, por lo que la experiencia me ha enseñado sobradamente las desastrosas consecuencias. Ya noto los primeros síntomas: deseo incontenible de tenerla controlada, total indiferencia (pésimamente fingida) cuando está cerca, que se va al garete con esas risitas estúpidas y desmesuradas cuando bromeamos. Cualquiera que me vea desde fuera...

Pero esta vez va a ser distinto. Ya lo creo que sí. Esta vez no dejaré que me suceda como siempre. El precio a pagar suele ser muy caro, y ya estoy en bancarrota. Se empieza como un juego. Qué gracia me hace, qué bien me lo paso con ella. Pero a la larga pasa factura. ¿Cómo serán capaces de llevarse la poca decencia que tenemos sin que nos demos cuenta? ¿Cuál será el modo secreto que sólo ellas conocen de dejarnos como desnudos y manejarnos a su voluntad, como si fuésemos idiotas? No lo sé, pero esta vez no voy a ser yo el idiota que se deje llevar. Hay que ver lo sensibles que parecen y lo crueles que pueden llegar a resultar. Lo fuertes que podemos parecer y lo que llegamos a sufrir. Enamorarse no sale rentable.

Aunque, bien pensado, quizás esta vez sí. Quién sabe si esta vez no es la definitiva. Por mucho que me esfuerce, no le encuentro ni un solo defecto. Puedo intentarlo. De todas formas, ella no es como las demás…

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