6 sept. 2008

La voz de la experiencia.

“Jaime,” me dirigí a mi nieto, “en esta vida hay dos tipos de personas: los que creen que pueden sacar provecho de tu amistad y los que, aunque no tengan esa intención, siempre se llevan una parte de tu vida. Así, sobre el papel, los peligrosos parecen los primeros. Interesados por ti, te hacen creer en una amistad inexistente buscando únicamente en el beneficio propio. Tranquilo, estos no hacen daño. Llegan, se aprovechan, y tal como llegaron, se van cuando ven que no te pueden sacar más partido. Los verdaderamente peligrosos son los segundos, Jaime. Con esos sí que llegas a experimentar lo que es la amistad, lo que es el desinterés y la ayuda. Pero, oh, maldito tiempo. El tiempo se acaba llevando todo, Jaime, hasta los amigos. Y entonces sí que se sufre. Te das cuenta de verdad de que ellos se llevaron consigo bastante más de lo que cualquier parásito interesado pudo sacarte.”

El pequeño, sin entender una palabra, saltó de mis piernas y fue a jugar. Él intentaba disimularlo, pero yo noté que aquello le había sonado a chino. Lo que él entonces no sabía es que con los años terminaría por entender lo que quise explicarle esa tarde de domingo.

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